Abzurdeces – Los museos

El otro día, entré a un museo mientras estaba visitando una ciudad. Me ofrecieron una audioguía para poder disfrutar más de la parada y entender el arte que envuelve la ciudad. Y ya de paso también para demostrar de nuevo su “destreza” a la hora de hacer inventos.

Este aparato pasaría desapercibido habitualmente, porque cuando coges tu audiogúia, con la mano derecha, obviamente, te lo colocas sobre la oreja y todo encaja. Los diseñadores pensaron que sería muy útil hacer la parte del audífono en relieve, de forma que entre en la concha de la oreja y quede cómodo.

Sin embargo, cuando quieres coger la audioguía con la mano izquierda, tienes dos opciones. O bien levantas el mando de una manera tal que tras cinco minutos tienes los hombros destrozados.

O bien lo coges intentando ser un diestro, pero sábete de ante mano que el relieve del audífono no encaja con la concha y, o es insufriblemente incómodo, o lo tienes despegado de la oreja y acabas sin escuchar nada.

Así que, ir a un museo siendo zurdo significa acabar con el hombro destrozado, no oir nada, o tener que “adiestrarte”.

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